2003-05-11

VEGETAL

La amante furiosa y yo estuvimos bebiendo whisky hasta tarde. La rodeé con mis brazos y dejé que llorará todo su abandono sobre mi chaqueta. La suya me parece la historia más terrible sobre el egoísmo que me ha tocado vivir de cerca. Me asusta. Me inquieta. Me desconcierta. Será por lo humana que es.

"Anoche subí a una colina desde la cual se veía toda la ciudad. La tenía a mis pies, como un mapa que se extendía desde mis dedos en adelante, hasta lo que mi vista pudiera alcanzar. Sentí la dignidad de ser quien soy con un nudo en la garganta. La dignidad de no ser nadie ni nada, y al mismo tiempo, ser alguien irremediablemente. Desde aquella colina la ciudad me pareció un abismo. La vida un infierno. La dignidad un error. Lanzarme al vacío hubiera sido cobarde. Pero más cobarde aún fue permanecer allí, en soledad, en silencio, agachándole la cabeza a las circunstancias.
Caminé, como Céline, hasta el final de la noche, maldiciendo mi testarudez. Mi don para hacerme totalmente infeliz. Mi capacidad para complicarme las vísceras. Creo que cada vez estoy más cerca del final del viaje por este barrio de locos, putas y borrachos en el que se ha convertido mi existencia, y entonces, entraré en una clínica privada, y emplearé todos mis míseros ahorros en rogarles que me apliquen una lobotomía. Que quiero ser un vegetal. Que no quiero sentir. Ni pensar. Ni sufrir.

Que me disculpen si he herido a alguien. Este es mi dolor. No espero que lo entiendan. Ni se compadezcan. No espero nada de nadie. Gracias por estar ahí".

El resto de la noche fue un solemne silencio.


otro mareo de Kapt. Kurtz a las 1:14 p. m.


2003-05-09

CIUDAD



Un lugar donde sentirse ajeno, extranjero. Y, al mismo tiempo, pertenecer. A los semáforos. Al ruido de los claxones. A los insultos de los conductores.
Pertenecer al vaho de los cristales que escondieron nuestros besos.


otro mareo de Kapt. Kurtz a las 8:47 a. m.



CAMINÉ

Ayer al anochecer, el mundo giró 180º. Pisé el cielo. Dí una patada a las nubes. Y el asfalto quedó sobre mí.

Caminé arrastrando los pies. Como suelo caminar. Como un Holden Caughfield perdido en Nueva York. Caminé cantando la canción más triste del mundo, pensando que eso ayudaría a aliviar el nudo que tenía en el estómago. Caminé con los ojos vidriosos. Con el gesto frágil de una niña. Caminé. Y caminé por caminar. Porque no quería ir a ninguna parte. Así, a ninguna parte llegué.


otro mareo de Kapt. Kurtz a las 8:28 a. m.


2003-05-08

ANTIHAIKU

Te quiero a trompicones.
Viviendo en un ascensor,
atascado en el sótano.


otro mareo de Kapt. Kurtz a las 9:55 a. m.



ESTATUA

No tomé ninguna decisión. Los mapas estaban trazados de antemano. Las reglas fijadas con antelación. No dije nada que pudiera ser interpretado como incorrecto (o quizá sí, nunca se sabe). Me mantuve inamovible en mi sitio, sin decir una palabra, sin hacer ningún gesto. Aparentando la misma sensibilidad de un estatua de escayola, que alguien colocó allí por casualidad. O dejadez. Qué más da.
Esperé. Esperé que llegara alguien y me sacara de tan cruel escena, envuelta en plástico para embalar. Que dijera la verdad. Que respondiera con franqueza. Esperé a que alguien me ofreciera la libertad de ser como soy. Que me sacara de la cautividad de ser esa otra persona que aparento ser para la comodidad de los demás.
Que me dijera "te quiero, quédate a mi lado", sin importarle lo mucho que aquello pudiera significar.


otro mareo de Kapt. Kurtz a las 9:33 a. m.


2003-05-07

LISTA

Ayer vi a alguien con un extremo parecido a T. en el autobús. Era más rubio, posiblemente más joven, pero sus facciones y sus gestos eran idénticos. Pensé en todo el tiempo que había pasado desde aquella obsesión. Aquel año y medio de intensa locura y persecución. Aquellos dos años de depresión post-no-coitum. Sentí la nostalgia. Sentí la ausencia. Lo eché de menos durante aquel trayecto bajo la lluvia. Eché de menos lo mucho que lo quise, lo mucho que lo tuve en mis pensamientos, en mis huesos. En algún recoveco de mis adentros.
T. era buena persona. Lo sigue siendo, supongo. Demasiado bueno para esta vida, demasiado inocente. Emocionalmente estable, alegre, optimista, de esas personas que te inspiran una inmensa confianza y una tremenda paz... a no ser que te enamores perdidamente de ellas y no seas correspondida ni por asomo. Que es lo que me pasa a mí siempre.
Añadí a T. a la lista de imposibles, a la lista de amores platónicos, pasionales, obsesivos e irracionales.
Allí se quedó. Es posible que cada vez tenga más compañía.


otro mareo de Kapt. Kurtz a las 9:54 a. m.


2003-05-06

LÍNEA

Establecimos la línea divisoria, la frontera que nos separaría en adelante. Cada vida en su sitio, cada sentimiento en su cajón correspondiente. Ni un beso más. Ni una caricia más. Hasta aquí podía llegar yo, y este era tu límite.
Aquí acababa nuestra carretera, no se podía ir más allá. Aquellas noches salvajes, furiosas, largas y pasionales quedaban borradas de la memoria. Sólo restaba preguntarse qué fue lo que llenó aquellos momentos en los que se detuvo la narración de la rutina cotidiana.


otro mareo de Kapt. Kurtz a las 9:44 a. m.


2003-05-05

DANZA

Después de unos días de intenso calor en el Submundo, vuelve a llover. Recuerdo que de niña inventé una danza de la lluvia, y miraba al cielo, dejando que todo aquello me empapara, hasta los huesos y las entrañas.
Recuerdo que cuando era niña llovía más. Los días eran más grises. Hacía más frío. Iba muerta de miedo al colegio, había una niña un año mayor que me hacía la vida imposible. Yo no sabía saltar a la cuerda ni jugar a la goma, y ella me obligaba a hacerlo. Yo sólo quería bailar mi danza de lluvia, escaparme de ese recinto cubierto, cuesta abajo, monte abajo, rodar por la hierba húmeda, sentirme como un animal salvaje que acaban de liberar de la cautividad.
Me escondía de aquella niña. Pero ella siempre me encontraba. Y en vez de ser feliz, me encerró en la jaula de las niñas normales que saltan a la cuerda y juegan a la goma.


otro mareo de Kapt. Kurtz a las 10:18 a. m.






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